¡On fire! 10 fantasías de las mujeres

Las fantasías sexuales son productos de la imaginación que todos somos capaces de crear. Desde la infancia somos capaces de tener fantasías sexuales que sirven para una variedad de funciones y que pueden despertar una amplia gama de reacciones.

Las fantasías tienen el valor de la realidad y por eso son tan importantes para la vida cotidiana. Hay que disfrutarlas, dejarlas surgir y no reprimirlas o censurarlas, porque puede ser el origen de conflictos sexuales.

Las fantasías sexuales contribuyen a que los sentimientos surjan con fuerza. Las fantasías son seguras, porque son privadas y ficticias. La privacidad asegura que éstas no serán descubiertas, mientras que su carácter inventado nos libera de cualquier responsabilidad y nos permite jugar con ellas.

Durante mucho tiempo existió la idea generalizada de que los hombres fantaseban más a nivel sexual que las mujeres, pero desde el psicoanálisis se desmiente tal extremo. Las mujeres y los hombres fantasean en igual medida, pero de diferentes maneras.

La sexualidad humana es un sistema de múltiples niveles que abarca lo físico, lo cultural y lo psicológico, dando como resultado, dentro de la normalidad, el placer y la reproducción. Y es la casilla del placer donde tienen su espacio las fantasías sexuales, que son sueños diurnos que suceden cuando la persona está despierta y que tienen una connotación sexual. Regularmente, son manifestaciones de deseos contenidos que pueden significar otra cosa.

El estado de ánimo influye mucho a la hora de crear fantasías, ya que una persona que esté atravesando por momentos difíciles, problemas económicos, depresiones, entre otras cosas, no se siente muy estimulada para crear sueños eróticos. Afortunadamente, diferentes estímulos externos pueden proporcionar más material para los sueños eróticos, que son muy particulares para cada persona. Entre ellos se pueden mencionar: ver películas de alto contenido erótico, leer libros con descripciones sensuales y crear un ambiente de intimidad.

Algunos estudios realizados demuestran que muchas mujeres que han llevado sus fantasías a la práctica se frustan. Esto se debe a que en los sueños eróticos ellas dirigen la acción para que las cosas sucedan a su manera y en la vida real es diferente; el hombre no siempre llena sus expectativas. Cuando eso pasa ellas tienden a hacer un “sabotaje sexual”, según explica el sexólogo Gil Germán. De ese modo, en medio del acto sexual la mujer piensa en algo que evita la relación y el placer. La única solución es crear un ambiente de confianza, que la pareja se conozca mejor para que la mujer se exprese y no se reprima.

Las fantasías son buenas o malas dependiendo de la percepción de la persona. Como dice el sexólogo Germán, si la fantasía se convierte en la única forma o fuente de gratificación sexual se destruye el vínculo de pareja.

En la elaboración de una fantasía, interviene de una manera muy activa, el cine. Hay escenas que quedarán flotando en la eternidad de las mentes eróticas y erógenas de miles de espectadores que por respeto a esa fantasía, no se atreverán a hacerla propia. Sin embargo en el año en que se estrenó la película “Último tango en París”, todos aquellos buenos amantes se preocuparon de que siempre hubiera mantequilla en la heladera. Con “Nueve Semanas y Media”, la tendencia gastronómica del erotismo se renovó con nuevos productos como miel, cerezas, leche.

El mapa del amor
Jhon Money, autor de varios libros sobre sexualidad, asegura que todos desarrollamos un mapa de amor, un mapa mental que tiene las características del amado y también las actividades sexuales y afectivas que nos resultan más eróticas.

Según este profesional, el mapa del amor es como las huellas digitales de la personalidad sexual de cada persona. Las cosas que excitan sexualmente son únicas, aunque se puedan compartir en gran medida con la pareja. Las fantasías sexuales completan el mapa del amor y agregan las pistas que le faltan, pero sobre todo -sostiene el experto- “entretienen la cabeza” y permiten la concentración en las sensaciones placenteras, sin censuras y aumentando la posibilidad de excitación erótica.

La fantasía y el deseo sexual a veces pueden aparecer juntos y ser el motor que enciende la escena sexual. Pero también se ha comprobado que las personas con bajo deseo sexual tienen pocas fantasías sexuales y muchas veces se benefician usando y construyendo fantasías de manera positiva.

¿Qué pasa con la pasión y el deseo entre dos personas que llevan juntas muchos años? Gran parte de la actividad sexual de las parejas que conviven se transforma en sexo rutinario. Según la experta psicóloga Laura Caldiz, las parejas que conviven ven apagarse por momentos el fuego de los primeros tiempos y asisten un poco desconcertadas a una sucesión de encuentros sexuales un poco insípidos.

Caldiz asegura que a todas las parejas les pasa lo mismo con el tiempo y lo que era novedad ya no lo es, y si a esta razón se le suman la rutina del trabajo, los niños, el colegio y las tareas domésticas, no hay romanticismo ni pasión sexual que resistan tanta presión, familiaridad y cotidianeidad. Es en este punto es donde la aparición y el mantenimiento de las fantasías pueden ser una interesan Me acosté con mi mejor amigo…


¿Y ahora qué? A veces, se llega a tener sexo con el amigo más íntimo sin ningún interés de formar una pareja. Pero esta experiencia produce el inevitable temor de que se pierda la amistad. ¿Es posible compartir la cama sin compartir un proyecto de futuro y sin que alguno de los dos salga lastimado?
Alguien dijo alguna vez que la amistad es el matrimonio del alma. De ser cierto, en la amistad habría divorcio, ya que cualquier matrimonio puede estar al borde del abismo… Y también, por qué no, sexo, puesto que la abstinencia no es precisamente una característica conyugal.

Nada familiar une a un hombre y una mujer que entablan una relación amistosa. No hay tabú del incesto. No hay otro límite para ese vínculo que el que ellos mismos se imponen. ¿Pero se puede ir a la cama con un amigo? ¿Y qué pasa luego? La amistad es una suma de pasiones en común. Si se tiene sexo, ¿esas pasiones se incrementan o se diluyen hasta su extinción?

Nada está prohibido. Nada es censurable. No hay moral que critique el amor amistoso ni religión que castigue la expresión sexual de ese sentimiento tan profundo.

Y, sin embargo… Cuando se concreta un encuentro de ese tipo inmediatamente aparecen los sentimientos de culpa, los autoreproches, las preocupaciones morales, los tabúes sociales de una conducta que podría ser severamente juzgada por los demás. Como si la gente necesitara estar haciendo siempre lo correcto.
Sergio Burros (29, vendedor de seguros) tiene una teoría avalada por la práctica.

“Generalmente las situaciones extrañas suceden sin que uno las busque –conjetura- aunque deben provenir de cosas muy internas que están dando vueltas por ahí esperando salir. Por lo general, uno, con las amigas, anda siempre para todos lados, siempre con los mismos códigos…”.

Ese fue, al parecer, el detonante que dio origen a su aventura amoroso-amistosa. Aunque, claro, le cuesta aceptarlo, como si hubiera cometido una transgresión terrible.

El después Impactado por sus propias palabras, Sergio retrocede, de inmediato: “Ojo, que hay amigos y amigos –se ataja–. Hay chicas con las que sabés que no, ya sabés que no. Son amistades sagradas. Hay amigas que son como hermanas, que te llenan sólo con mirarlas, no necesitás acostarte con ellas. La amistad se echa a perder en la cama”.

No siempre es así.

Da plena fe de lo contrario Silvina Tavian (27, soltera, estudiante de abogacía), quien está viviendo con su novio desde hace dos años. “La amistad entre el hombre y la mujer existe, yo tengo muchos amigos. De hecho –desliza entre risas– estoy viviendo con el que era mi mejor amigo en la secundaria.

Éramos muy amigos en la secundaria y seguimos viéndonos siempre como amigos y después nos pusimos de novios y nos vinimos a vivir juntos… Hay casos así, en los que hacés como que te gusta como amigo, pero en realidad querés ser la novia. Yo con Rodrigo hice eso y acá estoy.

No creo que alguien pueda tener sexo con un amigo sin engancharse porque justamente lo que diferencia a tu mejor amigo de tu novio es que con tu novio tenés sexo. Un novio es como tu mejor amigo pero cama adentro”.

No es errónea su definición. Al principio no importan demasiado cuáles son las expectativas de futuro, si hay exclusividad o si el vínculo sexual se interpreta como un signo de mayor compromiso. Al principio es la amistad la que los une y al mismo tiempo los distancia.

Pasión sin retorno

¿Qué consiguen los amigos de una relación sin sexo? “Probablemente –infiere Luann Linquist en su libro Amantes secretos, editorial Paidós– preservar la amistad. El sexo los confunde, los hiere o los excita hasta tal extremo que todo el vínculo anterior queda contaminado –bien o mal– por la pasión. Y de eso no hay retorno a la amistad”.

Muchas mujeres solteras tienen relaciones esporádicas con amigos. Por eso, la psicóloga Graciela Moreschi (42) entiende que en esos casos “la atracción está, y con esta atracción se pueden hacer muchas cosas.

En Argentina a veces hay bastantes trabas para exteriorizar la atracción sexual. Hay relaciones que están tan fraternizadas, en las que el instinto sexual está totalmente afuera. Pero hay amigos con los que una puede permitirse erotizarse y continuar la amistad.

En otros países es más común que se permita este tipo de relación”.

Los mandatos sociales son muy poderosos. Obligan a conductas que muchas veces hieren los sentimientos. Son las mujeres, sobre todo, las que más padecen esos prejuicios.

Los amigos, cuando tienen sexo, tratan su relación como si fueran amantes secretos. Se ocultan de los demás y llevan una doble vida. Seguramente es ese sentimiento clandestino (y no el hecho de tener sexo) lo que dificulta gravemente el vínculo. Lo difícil es que uno de los dos cambie las normas y los códigos que los unieron como amigos.

Si no son más que amigos, ¿se pueden permitir salir con otros a pesar de que se acuestan entre sí? ¿Qué se hace con la bronca y los celos, con los compromisos que se entablan y con los sentimientos de culpa y de exclusión?

Nadie podría contestar a estas preguntas sin conocer en profundidad una relación, sin saber si de pronto la amistad se convirtió en amor y la pareja empieza a actuar desde el lugar de novios.

Sí es posible sacar una conclusión terminante: el sexo cambia la índole de una relación.

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